miércoles, abril 20, 1994

Eremita.



Que convergencia ésta

de estar entre paredes blancas:

absorbiendo sombras y

encerrando silencio.

Que calor

dentro de esta masa humana fría:

cubriendo a su nicho

en posición fetal.

Cerrar los sentidos

para que inversos éstos

puedan recorrerse mutuamente;

otrogar un beso

al lugar sagrado que se adora,

a una clara agua sedativa,

yacija que alimenta al blanco nenúfar.

Un lugar yermo íntimo,

a donde a veces todavía voy...

de donde inevitablemente regreso.


No hay comentarios.: