en que las calles se llenan de sol
-de luz blanca y pesada-
los corazones
se cuecen en las banquetas,
en su estado natural de soledades.
En el extremo, todo
trae en cambio una especie de cauterio con sigo
y también en la soledad se puede estar solo.
Bebiendo la libertad
del viento helado,
ensimismado del mundo:
Con los dedos clavados a la tierra.
Con el espíritu encharcado como sombra.