Caminaba este camino sopesando lo imprevisto por la noche al asecho
surcaba mi piel a contracorriente su frío aliento en mi cara
solo,
admirado de la fuerza imponente de las sombras de la montaña,
de su tranquilidad y espera,
como si supiera del devenir que ineludible el tiempo fraguaba...
Su silueta se dibujó poco a poco por la suave claridad de una luz en misterio,
la luminidad trazó con firmeza el horizonte,
metamorfósis del viento frío a murmullo y suspiros...
El círculo de luz brotó de tu pecho,
iluminó mi noche,
bañó mi piel,
habitó en mis ojos...
desbordó en mi cuerpo...
tu luna llena, que me tiene tan lleno...