Que convergencia ésta
de estar entre paredes blancas:
absorbiendo sombras y
encerrando silencio.
Que calor
dentro de esta masa humana fría:
cubriendo a su nicho
en posición fetal.
Cerrar los sentidos
para que inversos éstos
puedan recorrerse mutuamente;
otrogar un beso
al lugar sagrado que se adora,
a una clara agua sedativa,
yacija que alimenta al blanco nenúfar.
Un lugar yermo íntimo,
a donde a veces todavía voy...
de donde inevitablemente regreso.