viernes, agosto 10, 1990

Los días



en que las calles se llenan de sol

-de luz blanca y pesada-

los corazones

se cuecen en las banquetas,

en su estado natural de soledades.

En el extremo, todo

trae en cambio una especie de cauterio con sigo

y también en la soledad se puede estar solo.

Bebiendo la libertad

del viento helado,

ensimismado del mundo:

Con los dedos clavados a la tierra.

Con el espíritu encharcado como sombra.


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